Durante mi etapa en el Servicio de Valoración de la Dependencia de Córdoba he sido testigo de situaciones muy complejas, en lo laboral y en lo personal, porque quienes acuden a este Servicio son personas cuidadoras, cansadas, que se enfrentan a diario a situaciones dramáticas... y que tienen que vérselas con los requisitos y los innumerables trámites del caótico sistema para la atención a las personas en situación de dependencia.
Pues bien, resulta admirable cómo alguien superado por dedicar su vida al cuidado de otra sin nigún tipo de ayuda institucional, es capaz de comprender que hacemos lo que podemos, que sabemos que no es suficiente, que hay muchísimos fallos, que puede que tenga que esperar varios años para acceder a la prestación que necesita.
Como funcionaria ha sido duro trabajar en este Servicio, se siente mucha impotencia al ver cómo se publicitan unos servicios que no se prestan ni funcionan con la celeridad que deberían. Los trabajadores nos sentimos muchas veces desprotegidos, hastiados, impotentes, y sufrimos muchas faltas de respeto. Pero sigue habiendo personas allí que se implican y hacen su trabajo lo mejor que pueden. Y sigue habiendo ciudadanos que tienen el gesto admirable de agradecerte tu labor a pesar de la situación que están viviendo.
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